La Facción de los Palillos
Primera Guerra Carlista
Primera Guerra Carlista (1833-1840)
Tras la muerte de Fernando VII en 1833 fue proclamada reina de España su hija Isabel, menor de edad, asumiendo la regencia su madre María Cristina, si bien existía la disputa entre los partidarios de que le sucediera Isabel y los que sostenían que el sucesor debía ser Carlos María Isidro de Borbón, hermano del difunto rey. (1)
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| Isabel II y su madre María Cristina de Borbón
Óleo de Manuel Fernández Cruzado (1781–1856)
Facultad de Medicina de Cádiz |
Los primeros, de ideas liberales, defendían una España centralizada, en la que todos los ciudadanos y territorios tuvieran los mismos derechos, mientras que los segundos, conservadores, luchaban por una patria foral, católica y tradicional. El enfrentamiento entre «isabelinos» y «carlistas» desembocó en la Primera Guerra Carlista .
La contienda se desarrolló de forma diferente en las diversas regiones de España, como diferente fue la presencia y la fuerza de los carlistas en cada una. En Castilla la Nueva su presencia fue muy importante, como lo fue en la Mancha, en donde, por lo que nos afecta, nos vamos a fijar.
Los carlistas arraigaron con fuerza en el norte de España (actual País Vasco y Navarra), en Cataluña y en el Maestrazgo, logrando formar un ejército. En La Mancha, en lugar de un ejército, se implantó una guerra de guerrillas.
La historiadora Manuela Asensio explica magistralmente el origen del carlismo en nuestra región:
«El movimiento carlista en Ciudad Real como en el resto de las provincias de Castilla-la Mancha pretendió la consolidación de un poder que restaurara un orden económico, social y político que se había fracturado en 1809-1814 y que Fernando VII no habla podido recomponer. La restauración significaba la vuelta
a los señoríos, la devolución de los bienes a las órdenes religiosas, la reinstauración de la lnquisición que permitiera a la Iglesia la defensora de los intereses propios y del Estado, con la consiguiente factura al rey de tiempo en tiempo; la restauración de los derechos nobiliarios tanto en lo que concierne a los privilegios, como las rentas, ejercito, etc. Y, sobre todo significaba poseer un poder suficientemente fuerte y estable que pudiera eliminar el desacuerdo político y mantener el orden público. Este sector opto por D. Carlos quien por su integridad de pensamiento religioso y de carácter, parecía el hombre adecuado para efectuar dichas restauraciones.
En el panorama regional y provincial las partidas carlistas surgieron coma una respuesta específica a este programa expuesto anteriormente. Los que encabezaban dichas partidas eran antiguos guerrilleros formados e instruidos en la Guerra de la lndependencia, algunos de los cuales pasaron más tarde a formar parte del cuerpo de Voluntarios Realistas. Pero entre 1832 y 1833 se lleva a cabo una depuración de! ejército, eliminado de él todos los oficiales de tendencia precarlista. Esta política va a salvar la futura fidelidad del ejército, pero va a nutrir también de oficiales las filas de D. Carlos. Este será el caso de algunos de los carlistas levantados en armas en la provincia de Ciudad Real; los hermanos Palillos, don Francisco y don Vicente Rugeros, comandantes de caballería del ejército, clasificados como tenientes se retiraron a su casa en Almagro. Conspirando en 1833, coma muchos otros descontentos, llegando a levantar una partida que sería poco después alcanzada en Alcolea; o también el caso de Manuel Adame (a) el Locho, celebre ya en La Mancha desde la anterior época constitucional. Y el del iniciador de la Guerra Civil en España, don Manuel González, natural del Tobosa, el cual al día siguiente de morir el rey, el 30 de septiembre, apareció en Talavera de la Reina, desde donde ocultamente preparó la rebelión que estallaría en la noche del 3 de octubre de 1833, protagonizada por dos compañías de realistas, mandadas respectivamente por dos de sus hijos don Francisco y don Manuel, ambos bachilleres en leyes.» (2)
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Don Carlos revistando sus tropas . Ilustración de J. Alaminos. Crom
(Historia de la Guerra Civil y de los Partidos Liberal y Carlista". Tomo III. 1891) |
En la Mancha se formaron numerosos grupos de guerrilleros carlistas, conocidos como facciones o partidas, que desarrollaban su lucha moviéndose constantemente por la zona para hostigar al ejército liberal. Sus líderes se caracterizaron no sólo por su ideología tradicionalista sino por sus formas de proceder a la manera del bandolerismo, como afirma el historiador Antonio Pirala:
«… sostenían la guerra, si tal puede llamarse el sistema de feroz vandalismo y depredaciones con que aquel aluvión de partidas, asolaban cual verdaderas plagas los territorios donde caían.» (3)
Los Montes de Toledo jugaron un papel determinante para estas partidas:
«En la Mancha, no en sus llanuras, sino en los montes que ofrecían seguro asilo a los rebeldes, comenzaban también a formarse aquellas partidas que tanto ensangrentaron su suelo. Don Eugenio Barba, Valiente, Adame (a) el Locho, los hermanos Rujeros (a) Palillos, y los que irán apareciendo en el curso de este libro, escogieron los montes de Toledo por teatro de sus funestas hazañas.» (4)
Los carlistas de la Mancha desarrollaban su lucha de forma autónoma, sin subordinación a un mismo jefe y sin un objetivo común, sin unión entre ellos mismos, sin coordinación y organización de sus movimientos militares (5). Su área de actuación sobrepasó en ocasiones las fronteras regionales. Vivieron su apogeo durante 1937 y la primera mitad del 1938, hasta la llegada del ejército isabelino, al mando de Narváez, que llevó a cabo una sistemática labor de exterminio ocasionándoles un grave quebranto.(6)
Los hermanos «Palillos». Juan Vicente y Francisco Rugero
En el Diccionario biográfico Castila-La Mancha encontramos estos datos sobre el origen de los hermanos Palillos:
«Se conoce como “Los Palillos” a los hermanos Rugero, Vicente y Francisco, naturales de Almagro. Aunque el apodo quedó vinculado fundamentalmente al hermano mayor, Vicente, quien nació en Almagro parece ser en el año 1787, ambos respondían a este mote. Parece que el origen del mismo deriva de la fábrica de palillos que la familia ostentaba en Almagro, aunque una anotación histórica del Ayuntamiento de la localidad datada en 1820 habla de Palillos como “un agrimensor hacendado con su fábrica de vinos y aguardientes, y que además trajinaba en ropas”.
Entre los años 1821 y 1822, los hermanos Rugero participan de distintas revueltas en Almagro contra el orden establecido del Trienio, y acaban encarcelados en la prisión de esa localidad. En febrero de 1823 pasan (al menos Vicente) a integrarse en el Ejército llegando a comandante del Tercer Regimiento de Caballería en septiembre de 1824. Con graves problemas de disciplina, los Palillos no vieron reconocida su graduación una vez se licenciaron, quedando el 16 de abril de 1826 con el grado de teniente. Fue entonces cuando regresaron a Almagro y comenzaron a llevar a cabo distintas tropelías atemorizando a gran parte de la población. En el Ejército habían aprendido estrategia militar, dominio de las armas y se habían convertido en unos magníficos jinetes de combate, algo que les habría de servir para sus hazañas posteriores.» (7)
Al iniciarse la Primera Guerra Carlista los Palillos se posicionan del lado de Don Carlos, y al no contar con los efectivos suficientes para formar un ejército para luchar contra las tropas liberales que defendían la causa isabelina, optaron por la estrategia de las partidas.
Los hermanos Vicente y Francisco Rugero organizaron una de las partidas carlistas más importante y más activa de la zona, integrada por voluntarios, mayormente civiles, generalmente sin formación militar, que eran reclutados por ellos mismos, recurriendo para su financiación a extorsiones y sabotajes. Llevaron a cabo numerosas acciones violentas y ataques por la geografía manchega e incluso en territorios alejados, que no resulta posible referir aquí (ver bibliografia recomendada más abajo).
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Cabrera y su ejército : album de las tropas carlistas de Aragón.-- Madrid : [s.n.], 1844. Litografía; 24 x 33 cm
(Se reproduce la vestimenta de los carlistas de la Partida de los Palillos)
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Referencias literarias
Traigamos aquí un par de referencias literarias que nos ofrecen sendas visiones sobre la Partida de los Palillos
Pio Baroja
Pio Baroja, en su novela «La nave de los locos», hace una semblanza de la Partida Palillos en esta conversación que mantienen Alvarito y un viejo carlista, ciego, natural de Pinarejo (Cuenca) que se encuentran en una posada de Orihuela:
«—Pues Palillos ha sido muy famoso (dijo el ciego). Palillos padre, don Vicente Rugero, era un viejo muy ladino; tenía una partida muy bien organizada y muy militar. Ya lo creo. Y no piense usted que era fácil entrar en ella.
—¿No?
— No. Para entrar en la partida se necesitaban muchas condiciones. Había que tener menos de treinta años, ser fuerte, buen caballista, estar acostumbrado al a vida del campo y no tener parientes ni amigos entre los cristinos.
— ¿Y usted, qué edad tiene?
— Yo, treinta y siete. Parezco más viejo, ¿verdad?
—Sí.
— Las desgracias.
— ¿Y los jefes también tenían que ser tan jóvenes?
— No; los jefes podían ser más viejos. Al que entraba en la partida se le hacían muchas preguntas y luego se iba a comprobar lo que había dicho, y si algo no resultaba cierto, no se le admitía.
— ¿Y tenían ustedes paga ?
—Sí.
— ¿Llevaban ustedes uniforme?
— Todos íbamos igual. Se llevaba calañés alto, de pana o de terciopelo negro, adornado con algunas carreras de botones; medallas, cintas rizadas y un plumerito negro. La mayor parte usaba patillas. Se vestía marselles corto, guarnecido de cinco botonaduras de monedas de plata, pesetas o reales columnarios. Algunos jefes lucían doblillas de oro y, en vez del calañés, boina blanca o sombrero redondo con funda de hule. Se gastaba calzón corto, de pana o de terciopelo negro; ancha faja para el puñal y los cachorrillos ; polainas de cuero y zapatos de una pieza. En el arzón del caballo se ponían las
pistolas y el trabuco.
El saludador explicó a Alvarito las acciones en que tomó parte, casi todas ellas en la Mancha. Ninguna pasaba de ser una requisa como de carabineros. Si encontraban un enemigo fuerte para medirse
con ellos, huían rápidamente.
— Cuando Palillos se proponía sacar contribuciones en una comarca, dividía su caballería en partidas de treinta a cuarenta hombres (siguió diciendo
el ciego) ; ocupaban todos los lugares en un espacio de seis a ocho leguas cuadradas. Cada paisano debía suministrar todo lo necesario para un jinete y un caballo. Los pueblos se veían obligados a entregar a Palillos la misma contribución que pagaban al gobierno de la Reina. Entrábamos nosotros en un lugar, y 'lo primero, para que nadie tocase a rebato y diera señal de alarma, nos apoderábamos de la torre de la iglesia y poníamos en el campamento un centinela. El centinela observaba cuanto pasaba a larga distancia y si veía algo tocaba la campana, y según las campanadas nos entendíamos.
Era como la línea de telégrafo de señales del Gobierno. Así, don Vicente Rugero sabía con rapidez si aparecía el enemigo y por dónde…» (8)
George Borrow
George Borrow, el célebre vendedor de biblias protestantes, que recorrió España entre 1836 y 1840, una vez vuelto a su tierra escribió el libro «La Biblia en España. O viajes, aventuras y prisiones de un inglés en su intento de difundir las Escrituras por la Península» (9) en el que, de forma reiterada, manifiesta su temor a caer en manos de la partida de los Palillos. Tal era la fama de esta partida:
«Entramos en la Mancha, donde temía yo caer en manos de Palillos y Orejita. La Providencia me protegió de nuevo.»
Puedes leer una selección de sus recuerdos sobre los Palillos AQUÍ.
Para saber más:
ASENSIO RUBIO, Manuela: El Movimiento Carlista (1821-1840). Entre el Liberalismo y la reacción.-- En Cuadernos de estudios manchegos, nº. 17, 1987, pp. 99-122
PÉREZ DE RADA, Iñigo: El Museo Tabar. El estandarte de la Partida de Palillos.—En El Boletin Carlista de Madrid, nº 96, 2008, pp. 9-12 

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Estandarte de la Facción Palillos
Imagen de Sergio Camero. Fuente: Banderas Militares
En el estandarte figura la leyenda «A D. CARLOS V. DEFENSOR DE LA RELIJION Y LA LEJITIMIDAD» escrita formando un rectangulo que está rematado por una corona. Al parecer en el centro del cuadrilatero estaba una imagen de la Virgen de los Dolores.
Explicación sobre el estandarte:
SORANDO, Luis y GUIRAO LARRAÑAGA Ramón: Banderas Carlistas de la Primera Guerra (1833-1840).-- En Aportes. Revista de Historia Contemporánea, nº 25 |
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(1) La Ley Sálica, establecida por Felipe V, prohibía que una mujer reinara en España, pero Fernando VII la derogó el 29 de marzo de 1830, promulgando la Pragmática Sanción, para que Isabel, su hija mayor, pudiera reinar.
(2) ASENSIO RUBIO, Manuela: El Movimiento Carlista (1821-1840). Entre el Liberalismo y la reacción.-- En Cuadernos de estudios manchegos, nº. 17, 1987, pp. 103-104 
Ver además: ASENSIO RUBIO, Manuela: El carlismo en Castilla-La Mancha (1833-1875).-- Toledo: Almud, Ediciones de Castilla-La Mancha, 2011
(3) PIRALA CRIADO, Antonio: Historia de la Guerra Civil y de los Partidos Liberal y Carlista.—Madrid: Establ. Tipog. Mellado , s.f.,Tomo III, p.165
(4) PIRALA CRIADO, Antonio: Historia de la Guerra Civil y de los Partidos Liberal y Carlista.—Madrid: Establ. Tipog. Mellado , s.f., Tomo I, p. 156
(5) ASENSIO RUBIO, Manuela: El Movimiento Carlista (1821-1840). Entre el Liberalismo y la reacción.-- En Cuadernos de estudios manchegos, nº. 17, 1987, p. 104 
(6) BURGOS BARRANTES, B. y BULLON DE MENDOZA, A. (Coords): Las Guerras Carlistas.-- Madrid: Ministerio de Cultura, 2004, p. 33
(7) MARTÍN MOLINA, Alain: Juan Vicente y Francisco Rugero. "Hermanos Palillos".—En Diccionario biográfico Castila-La Mancha (Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha) 
(8) BAROJA, Pío: Memorias de un hombre de acción. La Nave de los Locos.-- Madrid: Caro Raggio Ed., 1925. pp. 306-314. 
(9) BORROW, George Henry: La biblia en España. O viajes, aventuras y prisiones de un inglés en su intento de difundir las Escrituras por la Península. Traducción de Manuel Azaña.—Madrid: Jiménez-Fraud, Editor
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